Resguardo indígena Wounaan: raíces que narran verdades

Más allá de las montañas que cubren la ciudad y donde el sol logra ocultarse, se llega al resguardo indígena de la comunidad Wounaan. A unos veinte minutos del barrio Obrero, saliendo por entre la naturaleza y las últimas casas, por donde los niños salen a saludarte entre las ventanas; se siente una clase de despedida de la ciudad para entrar por completo a una cultura totalmente diferente y aún más profunda.


Al llegar se logran divisar las casas, el fuego, la alberca y una especie de maloca, en donde vive la mujer más anciana de la comunidad junto con sus dos nietos. Ella refleja la sabiduría, sin lugar a dudas tan solo con verla se siente la conexión de magia con sus costumbres. A su lado, estaba su nieta tejiendo manillas en mostacilla checa, con diversos colores y diseños para poner a la venta en el mercado de Quibdó.

Los niños revolotean al vernos, pues nuestras grandes mochilas son de gran diversión para ellos y así mismo, las infinitas ganas de jugar y enseñarnos su hogar. Muchos de ellos se divierten al pasear con nosotros por todo el territorio, los demás prefieren contarnos sus historias de aventura y lo que hicieron en el día. En ese instante, me di cuenta del gran amor que esta comunidad tiene por compartir su cultura, pues como uno de los jóvenes me decía, “nuestra vida no puede quedar en papel, sino en la educación y enseñanza de nuestros pueblos”.


Organizando la zona de acampar nunca fue más mágico y divertido que ese día, pues teníamos como fondo un atardecer que entre sus variaciones de morado y rosado, reflejaba aún más el espíritu y la autenticidad del resguardo. Se hizo una fogata para todos y esa noche la comunidad nos enseñó sus bailes típicos, con ritmos de tambor. Nos invitaron a bailar y nunca me había divertido tanto, pues desde los movimientos y la compañía de la fogata, se logra una conexión espiritual muy grande con ellos y la naturaleza.


Esa misma noche, las mujeres nos enseñaron la infinidad de diseños en mostacilla checa y miyuki que tienen para la venta. El trabajo artesanal es impecable y viene acompañado de un gran estudio sobre el color y el diseño apropiado para cada uno, teniendo en cuenta la diversidad de significados de su cultura, para poder transmitirnos a partir de esas piezas. En ese momento, un poco apartada de mi, vi a una de la líderes de los diseños hablando apasionadamente sobre su trabajo y la importancia de dicho emprendimiento social para su comunidad, pues es posible plasmar el origen y la grandeza de las comunidades indígenas en Colombia. Su nombre es Alis Carpio y es la primera mujer transgénero de su comunidad. Su historia es deslumbrante y muestra de la valentía del ser humano en toda expresión, pues sin lugar a dudas, no pierde su esencia y cultura, a pesar de tener dicho tránsito de género.


A la mañana siguiente, despertamos con música y los gallos que cantaban por detrás de las casas, se sintió como amanecer en un pequeño nido, en donde la naturaleza te toca por completo, desde las sensaciones de la tierra hasta el sonido ambiente. Me bañé en la alberca con agua helada y fue lo más divertido de todo, pues son experiencias que jamás se olvidan, nos pone en contextos muy distintos a los corrientes y como citadina, me encuentro en la posición aventurera de querer explorar todo para llegar y emerger a los demás en la magia de estos espacios en Colombia.

Por último, el resguardo indígena de la comunidad Wounaan es el espacio en donde el cielo se une con la magia y la vida es muestra de grandeza y tradición. ¡Muy pronto! Volveremos a sentir las vibraciones de esta tierra, desde sus bailes, artesanías, lengua e historias. Todos tenemos la responsabilidad de tener el respeto más sagrado hacia ellos y las diversas comunidades a lo largo de nuestro país. Los quiero invitar a visitar Wounaan Chiou, un emprendimiento social increíble que cuenta con el liderazgo de todas las mujeres de esta gran comunidad, para llevar cultura a otros lugares de Colombia y el mundo.