• paula andrea tavera gonzalez

Raíces que narran verdades

Actualizado: sep 14

Por: Paula Andrea Tavera


En la capital chocuana, se debe atravesar por completo el barrio Obrero hasta donde inicia la opulenta selva ecuatorial, principalmente la del Darién –región selvática y pantanosa que ha funcionado históricamente como una barrera natural a la comunicación– siendo la entrada a un mundo que mezcla la persistencia y la calidez de una comunidad que lucha por mantener sus tradiciones. Se refleja la genuinidad y el carisma de estos hombres y mujeres, al entrar en contacto con otras comunidades o personas ajenas a su cultura. Entre la selva húmeda y el estridente caudal del río San Juan en los límites de los departamentos de Chocó y Valle del Cauca, surgió la comunidad indígena Wounaan.


Alcides Carpio Chocho, nació en el seno de una familia Wounaan, conocida como marcial chintado, junto con sus cinco hermanos. Desde la infancia tuvo una familia muy estable, a pesar de los desplazamientos forzados a causa del conflicto armado; jugaba con sus hermanos a las muñecas y siempre ocupaba el rol de mamá. En las comunidades indígenas esta prohibida la homosexualidad y cualquier índole relacionado con la comunidad LGTBI, como es el caso de Alcides. Tras varios años de sentir disconformidad y la ley de indígena sobre el respeto a la naturaleza en sus hombros, sintió que como ser humano debía expresar ese llanto, amor y frustación por sentirse una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre. La desunión de su familia y comunidad al enterarse se tornó en un rechazo y en efecto, la echaron tres veces, dado que sus padres manifestaban que les corrompía toda una generación.


Con el tiempo, su proceso hormonal la ha conducido a cambiar completamente sus rutinas y redujo su angustia psicológica y emocional, por ende moldeó paulatinamente sus sueños. Adoptó el nombre de Alis, sigue siendo un tabú para su familia, al ser la única mujer transgénero de la comunidad Wounaan de dicha región. Deseó ser licenciada de lenguas pero no recibió la beca de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD), se retiró y giró sus metas a la creación de una fundación donde indígenas pertenecientes a la comunidad LGTBI de la región, tengan un espacio de convivencia y representación, con el fin de apartar los prejuicios y eliminar las barreras entre la tradición y la diversidad de género y pensamiento. Por lo tanto, Ali como ella misma se presenta al mundo, conserva la pasión y gran respeto por sus ancestros, mediante la artesanía y el valor de familia.


Visibilizar la cultura del bajo Baudó en el Chocó es la labor de preservar la tradición de estos pueblos. La misión de Ali es que mediante talleres de tejido y pintura corporal realizada con jagua que es un árbol, al cual se le extrae la tinta del fruto más conocida como khipar en lengua Woun Meu, se logren diseños que muestren una imagen íntima de la identidad de los Wounaan. Manifiesta que la elaboración artesanal de estos productos es esencial para el tejido social porque devuelve la mirada a entender la riqueza cultural que almacenan. La inspiración que subyace en el khipar surge de su propio significado; fortaleza, sabiduría y protección. Desea alcanzar el sueño de ser la primer modelo transgénero de origen indígena, mediante la representación de su cultura, especificamente la artesanía.


Esta mujer es muestra del liderazgo y transformación, a partir de un proyecto artesanal que actualmente trasciende fronteras en la región del Chocó y el país. Ser la primer mujer transgénero indígena de su comunidad, le da paso a la reflexión sobre cómo estos cambios no se desligan de la tradición y el respeto por la cultura y familia dónde tuvo el privilegio de nacer y vivir para fomentar convivencia, partiendo del concepto de diversidad.