• Lucas Gómez Tobón

Donde el cielo es más grande

Actualizado: nov 6

Mi viaje por la dama reclinada comenzó en la ciudad de Riohacha a la espera de encontrarme con mi guía Sixto, un líder Wayúu de la comunidad de Palaimmaa. Mi objetivo era pasar una semana en el Parque Nacional de los Flamencos viviendo con la comunidad para conocer sobre la yonna, el frichi y todo sobre su cultura ancestral. Sin embargo, mientras Sixto llegaba por mí, pasé toda la mañana recorriendo el centro de Riohacha.

Mi primera visita fue Mercado Nuevo, una plaza de artesanías donde se pueden ver todo tipo de mochilas, hamacas, sombreros y demás tejidos. Aunque los precios de los artículos en este lugar no son mejores que los que se encuentran en el malecón, el encanto de Mercado Nuevo es poder ver a las artesanas realizar sus tejidos y poder conversar con ellos. Tal vez si no hubiera ido me hubiera quedado con una idea de que las artesanías son solo objetos que usamos en el día a día como cualquier otra cosa, pero allí aprendí que para los Wayúu el acto de tejer consiste en hilar el pensamiento. Para ellos, el arte de tejer figuras se conoce como kaanás y cada familia tiene sus propios símbolos. Entre las particularidades de su técnica se encuentra que sus mochilas se tejen con un solo hilo. Para hacer una de ellas se pueden tardar alrededor de 20 días. Me pareció increíble este recorrido y además pude hacerme un corte de pelo que me encantó.

Para pasar la tarde se puede visitar el malecón que queda en la calle primera de la ciudad. Allí hay un muelle desde el cual se puede lanzar al mar y nadar a la orilla (algo full bacano que todo el mundo debería hacer). Es un buen plan para parchar en la playa y nadar un rato.

Ya entrada la tarde me encontré con Sixto para dirigirnos hacia Palaimmaa. Para llegar debíamos viajar al municipio de Camarones a unos 20 minutos en carro de Riohacha. Dependiendo de la época del año el ingreso al Parque Nacional de los Flamencos se puede hacer caminando por el desierto o navegando en bote. Una vez en la ranchería de la familia de Sixto, Doña Delvi, su mamá, nos recibió con empanadas de camarón.

Contrario a lo que se piensa, las tribus Wayúu son matriarcales por lo que las líderes de la comunidad son las mujeres. En ellas recaen los asuntos financieros y todas las decisiones importantes deben pasar por ellas. En Palaimmaa, Doña Delvi se ha empeñado en desarrollar todas las actividades relacionadas con turismo. Dentro de sus principales logros está la bioconstrucción de las rancherías donde nos alojamos. A mí personalmente me gustó que aprovecharan recursos de la reserva como las conchas para hacer las paredes de esta.

Palaimmaa tiene muchas cosas mágicas pero la que se lleva todos los aplausos es la noche dentro de la comunidad. Dado que estábamos en medio de un Parque Nacional no existe ninguna fuente de contaminación lumínica así que el cielo estrellado era… Mejor juzguen ustedes:


Para rematar, el mar estaba plagado de plancton por lo que brillaba en la oscuridad con el movimiento de las olas. Nuestras noches consistía en hacer fogatas, tomar chirrinchi y escuchar historias de espíritus del desierto como el yoluja.

El tema de los sueños también tiene un gran trasfondo para estas comunidades. En su cosmogonía, Lapü, es la deidad encargada de trasmitir mensajes a través de los sueños. Estos mensajes tienen un fin premonitorio para advertir sobre guerras, muerte, enfermedades y otros asuntos fundamentales para la tribu. Para ellos, este don de poder conectarse con sus deidades a través del sueño es gracias al aa’in, la energía vital o alma que tienen los miembros de la tribu.

El resto de los días nos los pasamos recorriendo el Parque Nacional con la compañía de Sixto quien nos enseñaba sobre las especies que lo habitan y las leyendas de su tribu frente al orden del universo. Dentro de las actividades imperdibles está la tarde de Ranchería en donde la comunidad se viste con sus trajes típicos y enseña sus principales rituales alrededor del baile. El que nosotros aprendimos se llama la Yonna. En este una pareja de hombre y mujer bailan de forma que la mujer persigue a un hombre al son de un tambor. La mujer va abriendo una manta con las dos manos y el hombre se desplaza hacia atrás con pasos grandes evitando caerse. El objetivo de la mujer es tumbar al hombre.

Los invito a vivir esta increíble experiencia en La Guajira, es un viaje único!!!

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